Mi Utopía De Cómo Ejercer El Voto. ¿Qué Tal Si La Practicamos?

Escrito por Siulilba el . Posteado en Reflexiones

Implantar las bases para velar por la constitución de la igualdad política,  ha sido uno de los principales lemas de todo partido político que aspira el poder.

Los intereses y opiniones de todos merecen consideración. Así, cada quien en una sociedad ¨libre¨ o que se denomine ¨democrática¨ tiene el derecho a votar en elecciones o plebiscitos y nadie tiene más de un voto.  Sin embargo,  existen ciertas restricciones que aplican al momento de gozar de este derecho, las más comunes en todas las constituciones a nivel mundial son:

  • Ser mayor de edad: lo cual normalmente oscila entre los 18 y 21 años.
  • No padecer de severas discapacidades mentales: esta condición de discapacidad debe ser evaluada de manera independiente para prevenir que las clases gobernantes marginen a sus opositores por estos motivos.
  • Por su parte los criminales convictos, dependiendo de sus sanciones y penas, o el proceso en el cual se encuentre su juicio, en algunos países tiene derecho al voto, en virtud de la naturaleza que todos compartimos como seres humanos.  Sin embargo,  existen otros países en los cuales los reos pierden este derecho, la razón,  es que alguien que ha quebrantado la ley no debería involucrarse en el proceso de producirlas. En otros, solo se excluye a quienes están en prisión por los crímenes más serios.

Ahora bien, para plantear mi Utopía de ¿cómo debería ejercerse el sufragio?, a los requisitos antes descritos agregaría uno qué a mi parecer es fundamental al momento de ejercer el derecho al voto, establecería como requisito una prueba académica y aquellos que no alcancen  el 80% del record no podrían ejercer su derecho.   ¿Qué mediría en esta prueba? Evaluaría, según sea el país en el que se esté efectuando el sufragio:

  • Si la persona conoce, domina y sabe diferenciar lo que implica ser: Demócrata – Republicano; Socialista – Capitalista; entre otros conceptos que por lo general son utilizados en los discursos de los candidatos,
  • Si la persona tiene conocimientos de la historia de su país, y puede listar los errores que no estaría dispuesto a cometer o que no quisiera que se repitieran, por eso de que quien no sabe de dónde viene, no tiene idea a donde va,  y por último
  • Si la persona puede enumerar al menos tres diferencias entre los partidos que se están debatiendo

¿Por qué medir este conocimiento? Muy simple, porque a lo largo de los años, especialmente en aquellos países que son nuevos en esto del sufragio, las personas ejercen sus derechos sin tener la más mínima idea de las consecuencias que su voto puede acarrear.  En su mayoría, todos votan a ganador, es decir, todos se inclinan por ese candidato que de acuerdo a las estadísticas domina o se encuentra de segundo en los comicios electorales del año.  Asimismo, se observan casos en los que se conoce muy bien las ofertas de un determinado partido, y se vota por el otro solo por tener la condición de ser opositor.

De manera que a los niños no se les permite votar, porque se cree que no son aún lo suficientemente maduros para expresar una opinión informada sobre cómo ellos y los demás deberían ser gobernados, por su parte, a los que padecen de discapacidades mentales, se les atribuye el hecho de que no saben diferenciar entre el bien y el mal y finalmente,  los criminales, han hecho algo en contra de la sociedad y no se les quiere dar la oportunidad de que lo hagan nuevamente y esta vez de manera oficial.

Pero, ¿en qué grupo podríamos clasificar a esas personas que votan sin tener expectativas claras de su candidato? ¿Qué discapacidad le atribuiríamos a esas personas que se inclinan por un candidato, sin siquiera exigirles un plan de gobierno que les garantice condiciones mínimas para que desarrollarse individualmente? O peor aún, sin saber si este candidato atentará posteriormente contra su libertad, vida o propiedad.

Es así, como los llamados de izquierda o conocidos como socialistas, social demócratas e incluso los de derecha disfrazada y todos sus derivados,  se han aprovechado de la ignorancia del ciudadano, para legitimar sus gobiernos y alargar al máximo su estadía en el poder.  Es así, como gran parte de Latinoamérica se ha hecho esclava de aquello a lo que un día no le dio importancia.

Ya basta de votar por ese candidato que llegó a tu casa y te llevó ese cable de segunda que necesitabas para tener electricidad de manera gratuita, o aquel que en lugar de hablarte de libertad y responsabilidades, construyó un Metrocable que te lleva a esa casa en donde vives de manera infrahumana.

Ejerzan este derecho con responsabilidad, tomen decisiones utilizando la razón.  Como cuando compran un nuevo carro, y se preocupan por saber el kilometraje, si ha tenido accidentes, quiénes han sido los anteriores dueños en caso de que sea usado, o incluso cuando pagan su póliza, de seguro investigan las mil y un opciones que se tienen, comparan las diferentes coberturas y calculan el costo-beneficio de dicha inversión. Así, o más exhaustiva debe ser nuestra investigación, tan pronto como sabemos que ejerceremos el derecho al voto.

Entonces, si existen países que aceptan que hasta los muertos voten, ¿por qué no optar por mi utopía?

 

Por: Siulilba Balza S.  |  Foto: ideastream.com


Siulilba
Observadora. Adicta a la justicia. Enemiga de las suposiciones y de los que carecen de sentido común. Fiel practicante de la teoría: Decisiones radicales, soluciones inmediatas.


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