Para Vivir No Se Necesita Creer, Se Necesita Saber

Escrito por María el . Posteado en Redacción

“Pensar no cuesta nada; no hacerlo sale carísimo” promueve una consigna que, como un virus, se ha propagado en el último tiempo en las redes sociales. La frase, por demás elocuente, es tan clara y precisa que supone un llamado de atención a las actitudes irreflexivas de los ciudadanos.

Apela a esos individuos que, ante los primeros indicios de abuso gubernamental (entre otro tipo de abusos), no se detienen a ponerlos en tela de juicio, a cuestionarlos,  ni siquiera a medir las consecuencias que, irremediablemente, traerán sobre sus vidas diaria.

Gran parte de la responsabilidad la tienen quienes inocularon el prejuicio a través de la propaganda populista y la manipulación con slogans simplistas que contaminaron la mente. Esos que promovieron el mensaje de la culpa para anular la capacidad de razonar haciéndoles creer que eran incapaces para hacerlo, quienes mintieron descaradamente al afirmar que un sistema que promueve la libertad es hostil y contraproducente para el individuo y su desarrollo.

En definitiva, la responsabilidad de aquellos que impusieron como anti-valor la idea del castigo a quienes se atrevieron a disentir con ese desafortunado paradigma colectivista. Pero otra gran parte de ese círculo vicioso de imprudencias se la llevan los propios ciudadanos, los individuos, que aceptan como “verdades reveladas” el discurso mesiánico, en apariencia inobjetable.

Acostumbrados a existir con la idea de que “creer” y no “saber” es lo único que se necesita para vivir nunca cuestionaron el mensaje que bajaba del gobierno, otorgándole una superioridad excesiva, exagerada y desfavorable para sus propios intereses.

Sacrificaron al individuo y llevaron a los altares a un Estado omnipresente representado por los sacerdotes de la incompetencia y la mediocridad. Glorificaron a los místicos que reclamaron por la fuerza y la opresión la autoridad que les fue cediendo el individuo al ir renunciando a su razón.

Explicaron las calamidades como un “castigo divino” cuando el verdadero castigo es la inoperancia e irracionalidad con la que manejaron los destinos de la sociedad; encarcelaron a los ciudadanos disidentes por sus ideas porque vieron en ellos una amenaza para sus intereses totalitarios.

Mintieron haciendo creer que pasar hambre o necesidades es todo lo que se necesita para templar el espíritu y vivir en la tierra, ese supuesto purgatorio de culpas donde los hechos se producen por un castigo de las fuerzas ocultas. Cada uno tiene la responsabilidad de hacer que sus propósitos y anhelos se hagan realidad; de asumir que no se pueden evadir las consecuencias de ignorar los hechos de la realidad mediante el pensamiento.

Pero, para eso, es preciso volver a sentir el orgullo de razonar, de entender que ninguna mente es superior si se asume la responsabilidad y el compromiso de pensar.

Que los padecimientos, la falta de libertad, la escasez, el hambre y las necesidades son los productos de un verdadero castigo originado en quienes detentan el poder, ignorantes de elementales normas de administración y promotores de la indignidad humana.

Que, en síntesis, la Ineptocracia existe y que es ese “sistema de gobierno en el que los menos aptos para liderar son elegidos por los menos capaces de producir, y en el que aquellos miembros de la sociedad menos capaces de sustentarse a sí mismos o de triunfar son recompensados con bienes y servicios procedentes de la riqueza que le ha sido confiscada a un número cada vez menor de productores”.

 

Por: María del Valle  |  Foto: ItsGreg


María
Periodista. Filosóficamente liberal. Políticamente de derecha. Naturalmente rebelde. El mejor estímulo para vivir es la libertad. Argentina


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