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¿Cómo Debe Actuar Un Periodista Venezolano Que Se Respete?

Escrito por Nixon Piñango el . Posteado en Venezuela

Nixon Piñango
Periodista y escribidor. Artista de vez en cuando pero no perroflauta. Liberal de verdad.

Cómo debe actuar un periodista venezolano que se respete

El periodismo es -quizás- una de las profesiones más importantes cuando se trata de defensa y promoción de la libertad. ¿Cómo debe actuar un periodista venezolano que se respete? Aquí mi opinión como periodista.


Es verdad que los medios de comunicación son empresas, sí. También es verdad que eso no es malo, obviamente. Porque lo malo es, o puede ser, la gente que trabaja en ellos, pero sobre todo, puede serlo o no la gente que los dirige. Y aún más importante, también puede ser bueno o malo el contexto en el que esas empresas se desenvuelven y al cual tienen que adaptarse. Es verdad que no es lo mismo un medio de comunicación que opere en Estados Unidos a uno que opera en la Venezuela del presente. Pero igual eso no justifica las faltas de ética y yo, como periodista exiliado que soy, creo que puedo decirlo con suficiente propiedad.

Las labores fundamentales de un periodista son informar y generar opinión. Para hacer eso, una persona debe tener mucha responsabilidad porque, dependiendo de lo que diga o deje de decir, puede inclinar la balanza de la opinión pública hacia un lado o hacia el otro. Mundialmente vemos —por poner un ejemplo— cómo la izquierda se ha hecho con importantes espacios dentro de los medios de comunicación, y es quizás por eso que hoy ser de izquierdas es algo políticamente correcto, algo que está bien visto, sobre todo si eres de joven.

Un periodista o gremio periodístico sin responsabilidad es una de las peores cosas que le puede suceder a un país. Lo vivimos en Venezuela en 1998: la mayor parte de los grandes medios de comunicación apoyaron Hugo Chávez ese año —lo apoyaron porque él les prometió beneficios de alguna índole que no sabremos hasta que los implicados confiesen— y le brindaron espacios importantes que lo convirtieron en la estrella del momento.

Cuando se dieron cuenta del monstruo que habían creado y quisieron hacer algo, fue demasiado tarde. Pero lo más curioso de todo, es que los que más contribuyeron con el ascenso mediático de Chávez, fueron los que al final terminaron recibiendo las peores consecuencias de su persecución a la prensa. El caso de Miguel Henrique Otero es quizás el más ejemplar de todos; hoy Miguel Henrique está en el exilio y su periódico, El Nacional —que en su momento promocionó con ferocidad al Movimiento Quinta República— es hoy uno de los medios de comunicación que más ha recibido vejámenes de la tiranía narco-chavista.

Los canales, periódicos y radios que hoy hacen vida en esta Venezuela denotan una especie de silencio mortuorio, salvo dos o tres excepciones —como Radio Caracas Radio— que han aprendido a sortear los golpes que les da el régimen. Y a veces da tristeza ver cómo hay gente que todavía se presta para salir en los informativos a decir que no está pasando nada, o a ocupar espacios de «entretenimiento» que se crean con el único fin de despistar a la gente, programas que además intentan vender una cota de glamour en un país que se muere de mengua.


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Cuando vemos cosas como lo que pasó con Globovisión, donde un grupo de empresarios terminaron aceptando dinero de testaferros del régimen para silenciar al canal, o lo que pasó con Venevisión, donde despidieron a todos los periodistas críticos y acabaron con toda la programación relacionada con política y economía, lo que estamos viendo es el predominio de intereses perversos por encima de los principios y la ética. Y algunos liberales estarán de acuerdo en que no hay que culpar a esos empresarios o a esas empresas por hacer lo que hicieron, porque estaban pensando en su beneficio, como lo hacen todas las empresas.

Pero yo siento que este caso de los medios de comunicación es especial, que está sustancialmente mal lo que esas empresas están haciendo. Yo no defiendo a esa clase de empresarios mercantilistas porque son tan o más perversos que los políticos que nos roban el fruto de nuestro trabajo, son tan responsables de las desgracias que se viven en países como Venezuela así como lo son los políticos que crean instituciones opresivas.

Y de hecho pienso que tendrían que pagar en algún momento su colaboracionismo de alguna manera. Si hubiese tribunales libres, yo propondría que sean multados y que se les revocase las licencias de ejercicio a todos aquellos periodistas que se prestaron a este juego perverso, a todos esos que callaron cosas que tenían que ser informadas, a los que se prestaron para editar videos que socavaran la integridad de otros (como los videos que se ponen en el programita del Chapo Cabello), incluso a aquellos que están intentando tapar las cosas malas que están haciendo los líderes políticos de oposición sólo porque pareciera que están en la cera contraria a la del régimen.

Hoy, para un periodista venezolano, no vale la pena trabajar en medios de ese país porque su credibilidad se verá seriamente comprometida y además el sueldo que va a recibir es miserable. Sale más rentable escribir de forma independiente, para páginas con mayor credibilidad como iF Revista Digital o el PanAm Post, o incluso apelar al emprendimiento y abrirse un blog o un canal de YouTube, porque el esfuerzo privado siempre será el mejor mecanismo para luchar contra la censura y contra los monopolios de la comunicación que intentan callar las cosas graves que pasan.

 

Por Nixon Piñango.

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