Cómo El Populismo Ha Desvirtuado El Concepto De República

Escrito por María el . Posteado en Libertad

María
Periodista. Filosóficamente liberal. Políticamente de derecha. Naturalmente rebelde. El mejor estímulo para vivir es la libertad. Argentina

El acontecer de la realidad Hispanoamericana con su inmadurez republicana nos obliga a estar atentos a la evolución de los sistemas políticos y prácticas de gobierno en nuestra cambiante y convulsionada región. De acuerdo a los hechos y no a la Teoría Política ¿se puede hablar de tiranía o dictadura aún cuando los gobernantes han sido elegidos democráticamente?

La teoría política moderna atribuye el concepto de “dictadura” a los movimientos militares hispanoamericanos de mediados de la década del 70 que asumieron el poder “de facto” pero, ¿es posible hablar de dictadura sin un golpe militar? ¿Podemos, en todo caso,  hablar de una “República dictatorial” -aunque parezca una contradicción de términos- cuando el poder lo ostenta un solo individuo o, en su defecto,  una casta elegida democráticamente, es decir, por medio del voto al tiempo que incumple los principios del republicanismo?

El caudillismo, la tiranía y el autoritarismo de corte paternalistas enterraron los conceptos de las Ciencias Políticas legados por los griegos, los romanos y los pensadores liberales del siglo XIX para dar paso a una concepción de la Política, la Democracia y la República absolutamente opuestos a lo concebido hasta entonces. En clara oposición a la Monarquía los países de la región elegimos a la República, en los albores de la Patria, como forma de gobierno: una comunidad política organizada sobre la base de la igualdad de todos ante la ley y cuyo gobierno es agente del pueblo, elegido por el pueblo y responsable ante él.

Es una característica de la República que la soberanía resida en el pueblo de forma democrática (sin privilegios de nacimiento o casta); sin embargo, en la práctica, el concepto de República, está asociado a otras condiciones.
Tiranos, dictadores o castas oligárquicas desvirtuaron el concepto republicano e impusieron la idea de que el gobierno es lo mismo que el Estado, y  apelaron al voto para legitimar sus proyectos totalitarios y dictatoriales. “El elemento esencial que comparten las dictaduras totalitarias es la voluntad de convertir la política estatal en un mecanismo para controlar todas las esferas de la actividad humana y ocupar todo el espacio social” de forma caprichosa y demagógica.

El republicanismo considera que el ciudadano es libre y no súbdito como en las monarquías al tiempo que afianza los derechos individuales que el pueblo los ejerce a través de sus representantes. Por medio de la Soberanía Popular el pueblo, por el voto, instituye el gobierno. Pero la República también implica periodicidad en los cargo, publicidad de los actos de gobierno (no se concibe el secreto de Estado), respeto a las ideas, independencia de los poderes; en definitiva, la división e independencia de los Poderes en Ejecutivo, Legislativo y Judicial como pilares para evitar los abusos de cualquiera de ellos y fiscalizarse mutuamente.

En una República verdaderamente democrática  las voluntades individuales de los ciudadanos se canalizan por medio del voto y nadie es nombrado en su cargo por su linaje sino por su virtud e idoneidad y establece:

  • Responsabilidad de los funcionarios: cada gobernante debe responder por sus actos.
  • Periodicidad de las funciones: los cargos no son vitalicios.
  • Publicidad de los actos de gobierno: deben ser conocidos por el pueblo.
  • División de Poderes: el gobierno no debe estar concentrado en un órgano. Se deben dividir sus atribuciones y limitarse mutuamente.

El populismo autoritario hispanoamericano alentado por los corruptos demagogos impuso la idea –tergiversando la original- que la República está fundamentada en el “imperio de los hombres” (concepto que corresponde a la Monarquía) y no en el “imperio de la ley” (republicanismo). Promulgaron una Ley Suprema (caso de Cuba y Venezuela) cuya normativa es el fiel reflejo de la voluntad del tirano cuando, tradicionalmente, la supremacía de la Constitución tenía la función de impedir la acción abusiva o arbitraria de los órganos de gobierno. O, como en el caso de Argentina, hicieron de la Constitución un texto que quedó archivado como intención de buena fe.

¿Podemos hablar entonces de una República democrática cuando el poder está concentrado en una sola persona o grupo muy reducido, que ha entronizado el culto a la personalidad del líder, justifica la actuación política mediante una doctrina que se entromete en todas las esferas de la actuación humana, que emplea sistemáticamente el terror para eliminar a la disidencia u oposición, que construye campos de concentración o cárceles para aislar a la oposición y enemigos del régimen, que busca acallar a los disidentes y evitar sus expresiones en público o anula el pensamiento independiente, mediante el adoctrinamiento?

Sostengo que es necesario dejar en claro que, si bien en Hispanoamericana recurrimos al voto para elegir a los gobernantes, lo cierto es que nuestros gobiernos incumplen la mayoría de los principios republicanos, al menos en estas últimas décadas de nuestra historia. Hay democracia porque a través del voto legitimamos un gobierno pero está claro que lo que no tenemos es República.

 

Por: María Del Valle  |  Foto: elvenezolanonews.com


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