El Liberalismo Es Un Estilo De Vida Propio De Las Mentes Libres

Escrito por María el . Posteado en Capitalismo

María
Periodista. Filosóficamente liberal. Políticamente de derecha. Naturalmente rebelde. El mejor estímulo para vivir es la libertad. Argentina

No está de más insistir y recordar la premisa  que los sistemas colectivistas, en cualquiera de sus variantes populistas, promueven la miseria y son una fábrica de generar pobres.

El colectivismo es un sistema que atenta contra la libertad individual y reprime las manifestaciones individuales que buscan  la excelencia y  actúan por propia iniciativa, deseo de progreso y desarrollo personal. Las imágenes de la miseria del subdesarrollo provienen de países donde, el control de la libertad y los derechos individuales son manifiestamente reprimidos por los fundamentalistas de la coerción.

Amparados en un poder omnipresente y todopoderoso actúan como árbitros de las vidas individuales condicionando y coartando la iniciativa privada empresarial y ciudadana. Todo lo que necesita el ser humano para entregar a la sociedad en la que vive los mejores productos de su mente es la Libertad: esa palabra tan temida por los mediocres y cobardes que viven a expensas del esfuerzo ajeno y que se regocijan, a su vez, siendo los explotadores de los logros ajenos. Dominados por el odio a su propia incapacidad los colectivistas impulsan un sistema basado en el desprecio a la productividad en cualquiera de sus formas. Y para lograr sus perversos objetivos pretenden alzarse con un poder absoluto que les confiera un respeto que no han logrado capitalizar por mérito propio.

Las fuerzas brutas del colectivismo aspiran a que los ciudadanos vivan en condiciones sub-humanas luchando por sobrevivir en una selva donde impera la fuerza y no la racionalidad. Cuando se promueven los más bajos instintos para subsistir en un medio adverso lo único que puede producirse es maldad, corrupción y desprecio por la vida del otro. Cualquier iniciativa tendiente a negar estos hechos de la realidad trae consecuencias irreparables en la vida de los individuos que viven como autómatas en un mundo donde impera la ley del salvaje. Una burocracia que, promovida por inescrupulosos, actúa por medio de los favores y el miedo que imponen los funcionarios.

Fomentar la libertad no sólo incide positivamente en los individuos sino que influye en el bienestar general de la sociedad. No es posible aceptar ni sobrevivir en un sistema donde impera la “moralidad de los caníbales”; el colectivismo es un sistema impuesto por dirigentes mediocres que llevan el sello del subdesarrollo en sus mentes. Por lo dicho anteriormente es que promuevo la idea que el liberalismo es, ante todo, un estilo de vida que no pertenece de forma excluyente a los grandes pensadores que le dieron forma teórica.

Hasta el más humilde individuo -sin siquiera haber leído a los grandes filósofos doctrinales- sabe naturalmente que el producto de su esfuerzo es solamente suyo; que la propiedad que logró comprar le pertenece sólo a él; que la vivienda que habita, construida en base a su propio esfuerzo, debe ser habitada por quien él elija.

El individuo responsable y productor sabe que si es él quien se generó lo poco o mucho de que dispone es perversamente injusto que un gobierno disponga de sus bienes arbitrariamente para entregárselos u obligarlo a compartirlos con otros.
Pedirles sacrificar su propia naturaleza y el producto de su esfuerzo intransigente para entregarlo a una casta de inútiles parásitos que saquean su savia es la consigna más monstruosamente perversa que se puede reclamar a un individuo orgulloso de sus logros.-

 

Por: María del Valle  |  Foto: Linh Nguyen


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