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El Socialismo y su Inmoralidad: Solo Puede Implementarse Por La Fuerza

Escrito por Bárbara De Jesús el . Posteado en Socialismo

Bárbara De Jesús
Estudiante de Marketing. Coordinadora Regional de Comunicaciones de Vente Joven Carabobo. Coordinadora Regional de Cedice Joven Carabobo. CM de PanAm Post y PanAm Post en Español.

A la hora de juzgar un sistema político, hablando desde la ética y la moral, deberíamos enfocarnos siempre en cómo este ha afectado a los seres humanos cuando ha sido implementado y cómo han respetado -o irrespetado- sus libertades y su dignidad.

El socialismo, en su afán colectivista, pretende olvidarse de la naturaleza humana, intentando imponer a la sociedad por encima del individuo. El socialista es tan arrogante, que jura saber decidir mejor que cada individuo qué es lo que cada quien necesita y cómo debe ser repartido; piensan que el Estado tiene la potestad de decidir hasta qué deben comer los individuos. Colocan a las personas en grupos abstractos negándoles así accionar fuera de estos grupos, con lo que reniegan de los deseos y libertades de cada individuo.  

Todos los seres humanos somos distintos por naturaleza, cada quien tiene sus propios sueños, necesidades, deseos y habilidades. No hace falta ser un genio entonces para entender el porqué este sistema que intenta meternos a todos en un mismo paquete, nunca ha funcionado ni funcionará. Los países que han vivido en socialismo han terminado convirtiéndose en tiranías que intentan -por la fuerza- imponer estas ideas a sus ciudadanos. La única forma de lograr implementar el ideal socialista es sacrificando a los individuos, es por ello que los peores genocidios de la historia se han hecho en nombre de esta ideología. Bien dijo Mises que “todo socialista es un dictador disfrazado”.

Históricamente hemos visto los resultados de la idea socialista, desde Mao en China, pasando por la URSS en Eurasia, hasta la revolución chavista en Venezuela. La coacción total de la libertad y de la dignidad de los ciudadanos.

Importante es entender que no podemos hablar de moralidad cuando no hay libertad ni dignidad humana, por ende no hay valores morales ni éticos en este sistema que solo ha traído miseria, hambre y muerte.

Hay que ver con preocupación cómo es que, aún a sabiendas de todo lo que significa el socialismo y con las consecuencias de su implementación documentadas, hoy en día se mantienen en pie las falacias socialistas y cómo estas siguen convenciendo a quienes no cuestionan la raíz del ideal socialista. Ser testigos de personas que piden gritos su implementación, aclamando una fantasía de “justicia e igualdad social”, mientras ignoran los resultados históricos del mismo. Hay que ver con más preocupación todavía a quienes venden estas ideas y pretenden llegar al poder político.

La izquierda siempre ha sido experta en propaganda, pese a la pésima reputación de sus ideales. Es allí donde nosotros, los libertarios, tenemos tarea para hacer. Hay que estar atentos a quiénes repiten  “eso no era verdadero socialismo” y desmentir sus discursos; debemos decir fuerte y claro que el socialismo inevitablemente terminará en totalitarismo.

Es nuestro deber dar la batalla de las ideas en todos los ámbitos que podamos, para evitar que las fracasadas y atroces ideas socialistas repitan sus consecuencias.

 

Por: Bárbara de Jesús

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