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El Socialista Sin Cabeza: ¿Volver A Lo Esencial, Al Trabajo?

Escrito por Edgar el . Posteado en Metáforas

Edgar
Abogado, formado en el iuspositivismo y el social-estatismo. In-Políticamente Converso al Anarcocapitalismo. Miles de azares me hacen escribir desde una orilla al sur del Orinoco.

El Socialista sin Cabeza, se encontraba en una neblinosa meditación, aunque él, de seguro habría preferido calificarla más bien de: “profunda”. Esta reflexiva des-ocupación era el producto de su reciente periplo por los mercados “regulados” donde todo escaseaba y por los mercados “negros” donde su dinero no valía nada. En aquel momento, había sentido que su salario -un fajo de crujientes billetes de máxima denominación- se descomponía en el bolsillo de su pantalón. (Una visión extraña para lo que esencialmente era papel y tinta; como su querido y también fiduciario librito azul).

Pudo su mente –quizá- estar cerca de formular una biológica “Teoría General sobre la Putrefacción del Dinero”. Lo cual seguramente habría servido para demostrar lo falaz, del argumento de los economistas de derecha: de que aquel dinero era inorgánico. Pero solamente el título de la dicha teoría era sospechosamente contra-revolucionario, y no iba a ser él quien colaborase con los que conspiraban contra la “casi” plena felicidad.

Pero de aquello hacia ya un par de días, y ahora era ahora. Su optimismo, pues, estaba restablecido y de él había surgido la filosófica y contundente sentencia: “Hay que volver a lo esencial”. Pero ¿Qué era volver a lo esencial?: “ser radical”, “volver a la raíz”, “no depender”; recordaba, era lo que decía el Supremo Camarada.

Todos los inferiores camaradas con los que él acostumbra a compartir impresiones sobre los avances de la revolución, le habían dicho al escuchar su idea: -tú lo que quieres decir es que: “hay que volver al monte”.



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Pero el Socialista sin Cabeza prefería una expresión menos vegetal. Y “esencial” era el vocablo correcto ya que tiene -a diferencia de “monte”- la cualidad de ser sustantivo y adjetivo a la vez.

El problema con los camaradas inferiores, es que solo dicen: “hay que volver al monte”, pero de las altas dosis de nicotina y cafeína que consumen, no germina nada más; solo frases como “hay que volver al monte”. A diferencia de sus demás camaradas inferiores, al Socialista sin Cabeza, le agobia que las ideas no se desarrollen o que no se transformen en proyectos. (Sin embargo, el que las ideas luego no fructifiquen en la práctica, es algo que no le causa mucha angustia).

Fue así que, luego de lo que se llama un “ir y venir”, un día le dijo a su mujer:

-“Hay que volver a lo esencial”. A lo que esta inmediatamente le respondió:



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  • Ay mijo, tu y tus ideas, ¿y eso qué es?

Pero como es harto difícil que un lego use un lenguaje docto con otro lego, no le quedó sino más que decirle: -Bueno… “Hay que volver al monte”.

-¿Y eso cómo para qué?

-¡Para no depender del dinero…!

-¿Y eso cómo lo vamos a hacer?, preguntó ella.

-Bueno… sembrando nuestra propia comida, criando nuestros propios animales. Así no vamos a tener que depender de los que siembra y crían animales para explotar a los demás.

Ella, que como mujer tiene mejor memoria, le recordó: -Pero cuando el Primer Combatiente dijo que había que sembrar y criar en los patios y techos de las casas, tú no sembraste, ni criaste nada. ¿Ahora qué te dio…?

El Socialista sin Cabeza no respondió nada. Sin embargo ella le preguntó:

-Eso que tú dices: ¿sería algo así cómo empezar de cero, volver a lo básico?

Pero como para el Socialista sin Cabeza es difícil aceptar que alguien afeite sus rebuscadas palabras y pueda expresar mejor sus ideas en un leguaje básico o más “esencial”, no le quedó más que responderle, sino un lacónico:

-Algo así.

-Bueno…, (dijo ella) sembrar desde cero, criar animales desde cero, y hacer una casa desde cero, va a estar difícil; porque el último en tu familia que sabía la diferencia entre una pala y un azadón era tu abuelo, y cuando se daña la electricidad y la plomería… de la casa siempre viene el compadre. Así que, a él, que está vivo, nos lo tendremos también que llevar al monte, para que nos ayude.

El Socialista sin Cabeza, no supo si llevarse al compadre al monte, significaría romper con aquello de “no depender de nadie”, o si eso sería el germen de algún tipo de explotación en el futuro y en consecuencia la “esencia” de algún conflicto. (Todo parecía complicado en el presente).

Pero esperanzado pensó: en el devenir, la ciencia socialista, hará maquinas capaces de satisfacer cualquier necesidad o en su defecto el “hombre nuevo” tendrá habilidades y conocimientos tales que harán innecesaria o imposible toda explotación “del hombre por el hombre” o la dependencia humana (incluidos claro está: el fabricar y reparar dichas maquinas). Pero mientras tanto, estratégicamente –solo estratégicamente- y en tanto la humanidad o por lo menos la patria traspasen el umbral de la “Plena e Ideal Felicidad”, habrá que aceptar la perversa “división del trabajo” y tolerar algo de explotación.

Así pues, el Socialista sin Cabeza, siguió en sus pensamientos, sin darse cuenta de cuan esencial y básica ya se había vuelto la vida, y al mismo tiempo de cuán dependiente era su existencia.

El monte germinaba en las grietas de la ciudad.

 

Por. Edgar Gil  |  Foto: U.S. Department of Agriculture

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