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En Un Sistema Corrupto Solo Ascienden Los Más Mediocres

Escrito por María el . Posteado en Opinión

María
Periodista. Filosóficamente liberal. Políticamente de derecha. Naturalmente rebelde. El mejor estímulo para vivir es la libertad. Argentina

La pregunta más difícil de eludir en momentos de incertidumbre y en el marco de un sistema político adverso para el individualismo es ¿para qué empeñarme en mejorar cuando todas las circunstancias atentan contra la excelencia y el progreso individual; cuando el esfuerzo no redunda ni en la prosperidad económica ni mucho menos en el reconocimiento por parte de un sistema que más bien parece premiar la incapacidad, la mediocridad y la corrupción?

Los burócratas, obsecuentes de ideas que no son propias, suelen fomentar -por acción u omisión- la mediocridad, la ignorancia y la inacción con el único objetivo de desanimar a los más capaces para enrolarlos en las filas de los inútiles y así reducir su capacidad de producción y progreso. Nada más apropiado para la continuación de su perverso sistema de decadencia.

Una mente libre y orgullosa de su propio valor es más difícil de dominar.

Bajo el pretexto de donde hay una necesidad hay un derecho, esos mismos gobiernos han creado una horda de salvajes que exigen a los gritos que “alguien”, sin importar quién, resuelva  sus demandas. Bárbaros y necios que creen que existe una fuerza invisible y todopoderosa que, por arte de magia, tramitará sus exigencias facilitándoles una solución inmediata.



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La vida en sociedad se rige con criterios más bien racionales antes que fetichistas. O al menos eso es lo que ocurre en los países desarrollados. En ese contexto, el anhelo de superación es una condición innata al individuo sano. Pero ¿qué ocurre en aquellas sociedades donde el subdesarrollo cultural ha generado condiciones de miseria económica y social, donde el colectivismo político ha fomentado la idea de la masa humana en contra del individuo?

Sostengo y promuevo que el progreso individual redunda, inexorablemente, en beneficio de la sociedad y que sacrificar la excelencia de los individuos a una masa amorfa sin ningún propósito, excepto la obediencia y la sumisión, es el mayor signo de corrupción moral que puede ofrecer un sistema político.

Caer en la trampa a través de la cual se pretenden anular nuestras convicciones, motivaciones y deseos de vivir de acuerdo a nuestros valores es traicionar nuestra esencia entregándola a aquellos a quienes más despreciamos. Es entender que lo injusto conlleva la perversión de quien lo fomenta para así salir de ese círculo vicioso que enferma y anula nuestra voluntad.

Tener en claro ese aspecto permite sobrellevar el desánimo que suele provocar la incapacidad de los gobernantes y exige, de quienes así lo entendemos, redoblar el esfuerzo en busca de las soluciones más apropiadas para nuestros propios intereses y motivaciones.



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Un solo individuo es incapaz de torcer el rumbo de un sistema pero, la suma de muchas individuales orgullosas de su propio valor, son un buen comienzo para aclarar el horizonte político-social o, al menos, empezar a convertir nuestras propias vidas en un reducto apropiado de orgullo y respeto por la vida.

La elección individual será por los que alientan la vida y todo lo que podemos extraer de positivo en ella o los que promueven la anti-vida; y, en esa disyuntiva, debemos movernos quienes seguimos empeñados en buscar la excelencia y nuestro progreso individual.

 

Por: María del Valle  |  Crédito de la foto: Hindrik Sijens

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