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Éramos Felices Y No Lo Sabíamos: Supermercados En Venezuela

Escrito por Jose Miguel el . Posteado en Actualidad

Jose Miguel
A mi no me van a decir qué pensar, qué decir ni qué escribir, por eso fundé esta revista. Yo escribo para no morir en el tiempo; opino para defender lo que sé y cuestiono para descubrir lo que no.

Los funcionarios defensores de esta revolución comunista solo pueden demostrar que la 5ta ha sido mejor que la 4ta a través de sus cuentas bancarias personales, incluso hasta podemos deducirlo por su aspecto físico. Hoy día se ven tan relucientes como George Orwell dijo que lucían los cerdos de Granja Animal.

Piense en el nombre de uno de estos funcionarios, recuerde cómo era hace unos años atrás y se dará cuenta que se ha engordado más que pernil para navidad. ¿Ha tenido el venezolano común la misma dicha? Bueno, parece que el precio de engordar a los cerdos es racionarle la comida a cualquier otro animal.

Independientemente de que usted esté ciegamente a favor de la revolución o no, no puede negar que los supermercados en esta República Bolivariana son más tristes que un velorio. Anaqueles desiertos, escasez a granel; el venezolano ya no sabe lo que es tener la barriguita llena y el corazón contento.

Hacer mercado hoy día es para el venezolano una completa tragedia. Debe calcular en tiempo, la cola que hará para que le vendan el famoso “2 x persona” de los productos básicos como consecuencia del control de precios y solo puede comprar con huella dactilar, la cual no reduce la escasez pero sí incrementa la humillación. También será necesario que visite al menos tres establecimientos diferentes para que lleve a casa el 40% de la lista de productos que tenía planeado comprar, por la escasez ocasionada por las expropiaciones y el control estatal de medios de producción.

Mientras se pasea los pasillos de los que alguna vez fueron “súper” pero ahora no llegan ni a mercaditos, su rostro expresa la amargura de quien lleva días sin comer bien y la preocupación de quien duda poder pagar el carrito de compras a medio llenar. La inflación nos devora y eso queda en evidencia en la caja.

Lo que antes era amargura y preocupación ahora se convierte en miedo. El primer paso es decirle al encargado de la caja: “Por favor, que no exceda los Bs. 5000”. Cuando la cuenta llega a ese monto, empieza a elegir qué deja y qué saca del carrito. Al momento de pagar, todo se pone mejor: “Por favor, pasa Bs. 300 con esta tarjeta, Bs. 200 con esta otra; aquí tengo Bs. 400 en Cestaticket, aquí Bs. 500 en efectivo y el resto con la tarjeta de crédito del Banco de Venezuela.”

¿Cómo era en la 4ta? Si usted tiene 30 años o menos, solo podrá consultarlo con sus padres o abuelos. Pero sin que vayamos muy lejos, nada más recordemos cómo eran los supermercados cuando llegó el saqueador Chávez al poder. Incluso la revolución pudo disfrutarse en sus primeros años de la abundancia originada por el poquito de libertad que aún se conservaba en los gobiernos socialdemócratas de la 4ta República.

Anaqueles cargados de productos, cada uno con diferentes marcas y presentaciones. Podías comparar precios y calidad y elegir el que más te convenía. Visitabas un solo supermercado y llegabas a casa con más de lo que habías planeado. Pero nada que una buena revolución de envidiosos no pueda destruir, porque odian la libertad.

Para reflexionar, ¿te has dado cuenta que los pocos productos que aún consigues con facilidad no tienen su precio regulado? Entonces, deja de pedirle al Estado que le imponga al productor y al comerciante, el precio que a ti te conviene pagar, porque seguirás paseando el carrito por anaqueles desiertos y llegarás a casa con las manos vacías.

 

Por: José Miguel  |  Foto: Michael W. May

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