Filosofía, ¿Disciplina Inútil O La Respuesta A Problemas Sociales?

Escrito por Leonardo el . Posteado en Individualismo

Leonardo
Estudiante. Liberalista político: critíco todo lo que puedo entender, aplaudo lo que no -excepto aquello que sencillamente es absurdo-. Venezuela

Algo que siglos atrás fue considerado como un medio para conocer las “grandes cuestiones” –tales como la libertad, la verdad, el bien o el mal- hoy en día es considerado como algo banal, que dicen: se desentiende totalmente de la época coyuntural en la que vivimos, esto condicionado además por el prejuicio que las masas sostienen sobre algo que catalogan como “complejo”, “abstracto” y finalmente: inútil.

¿Realmente la filosofía es, en última instancia, una disciplina que perdió su validez dentro del mundo en el que nos vemos inmersos, donde ya los debates en torno a consideraciones metafísicas tales como el bien, el mal, la verdad, o la realidad, ya no representan algo importante de lo cual hablar? ¿Es acaso un área que se desapega de la realidad, y que se sitúa en mundos subalternos o incorpóreos? Yo pienso que no. Dichas consideraciones no pueden ser observadas más que como el reflejo del desconocimiento presente dentro de la visión que tienen muchísimas personas –por no mencionar la gran mayoría- acerca de esta área.

Actualmente, el orden social, político, económico y cultural que nos muestra la sociedad occidental yace condicionada por el pensamiento de individuos qué, por haber pensado, transformaron el mundo: Sin un Descartes no habría nacido la subjetividad, sin un Rousseau, Voltaire o Montesquieu no habrían existido esas ideas que concluyeran en la Revolución Francesa (hito histórico de gran trascendencia), ni la división tripartita de poderes que hoy se expresa como la principal característica del sistema político imperante en el hemisferio occidental, y gran parte del mundo; sin un Nietzsche no habríamos matado a Dios y reconocido la decadencia de una sociedad (¡La nuestra!) que aún hoy, clama por ser atendida.

Sin un Wittgenstein desconoceríamos la relevancia del lenguaje; sin un Kant, no poseeríamos una ética basada en la razón, o al menos, en su concepción de la razón -Tal vez la única que no termina mandándote al infierno en caso de incumplirla- . Sin un Hegel, careceríamos de una de las concepciones de la historia más bellas jamás elaboradas. Sin estas dichas tesis no exentas de críticas y posiciones contrarias que no han hecho sino enriquecer esta área con alternativas he ideas posteriores que solo la nutren como un espacio de difusión del conocimiento (Cómo Ayn Rand y sus argumentos contra la concepción de “razón” según Kant, hito fundamental para el surgimiento de la corriente conocida como objetivismo).

Así mismo, no podemos limitar esta área como un medio a través del cual solo se pretende tocar las grandes cuestiones, sino las pequeñas y determinantes del acontecer cotidiano de las personas: como su comportamiento, sus sentimientos, el por qué de su alegría o su desgracia, sus pasiones. ¿Qué le impulsa a hacer determinadas cosas?, sus valores, su moral (…), en fin, toda una amalgama de cosas que tal vez no podamos conocer por completo, pero que mientras mejor las concibamos, mejoraremos como individuos y sociedad.

Por ende, la filosofía no es sino ese gimnasio -como lo consideraría un muy estimado profesor de este escritor-, como el lugar aquel en que sometemos a presión nuestras ideas, las cuestionamos, las consolidamos y finalmente no solo las “pulimos”, sino que estas nos pulen como personas, brindándonos una visión de mundo y de nosotros mismos cada vez más autentica: desatándonos de los mitos y las creencias populares, de esas historias que circulan a nuestro alrededor, de esos dogmas que nos obligan a percibir la realidad de una forma estricta y que nos limitan en nuestra instrucción y crecimiento. En otras palabras, la filosofía nos otorga algo que hasta ahora ninguna otra área de estudio ha podido brindarnos: una libertad ilustrada, una libertad de pensamiento.

Ahora bien, situándonos en pleno siglo 21, reconocemos los graves problemas que afrontamos (Guerras, crisis sociales, hambrunas, etc.). Muchos han pretendido ser los medios para hacerles frente, pero pocos han resultado eficaces. No puedo aspirar creer que la filosofía es en sí la única respuesta ante los problemas actuales, pero otorga si acaso, algo que históricamente ha sido el punto inicial para la búsqueda de una respuesta que nos permita cambiar las cosas. A través de ese “algo” ya mencionado, el mundo puede cambiar, la sociedad puede cambiar y uno mismo puede, en efecto, hacer lo debido -como lo mencioné anteriormente-. ¿Pero cuál es ese algo, esa enseñanza, de la que parte la libertad, la razón, el conocimiento, la lucidez…? Muy sencilla, más de lo que aparenta: Aprender a pensar.

 

Por: Leonardo Chaurio  |  Foto: Kevin Reed


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