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Premiar El Éxito Y No La Mediocridad, Es La Base Del Desarrollo

Escrito por María el . Posteado en Capitalismo

María
Periodista. Filosóficamente liberal. Políticamente de derecha. Naturalmente rebelde. El mejor estímulo para vivir es la libertad. Argentina

Vida, Libertad y Propiedad representan los principios básicos rectores de una individualidad orgullosa y, acceder a ellos, el mayor desafío y propósito moral.

Nada más infalible para anular la autoestima de los ciudadanos que el desprecio del Estado a esos derechos que, naturalmente, nos asisten. Pero, paralelamente y para que ello ocurra, no hay nada más apropiado que una sociedad constituida por individuos anestesiados, carentes de dignidad e ignorantes de su propio valor. Un círculo vicioso que ahoga a productores en beneficio de los incapaces ensoberbecidos por una cuota de poder demagógico que premia el servilismo esclavo, la sumisión y la perversidad.

Las dictaduras izquierdistas hispanoamericanas han reclutado entre sus cómplices no solo a pseudos-intelectuales que ofician de propagandistas del régimen sino que sus bases están compuestas por personas sin valores, aventureras y con un grado de cinismo y resentimiento por la Vida no menos importante. Sin olvidar, claro está, a los “idiotas útiles”, esos seres imprudentes que transitan por el mundo de acuerdo a cómo sopla el viento.

Vivir la Vida es la mayor experiencia humana por medio de la cual ponemos en práctica los dictados de los más íntimos pensamientos; esos, que nos conducen hábilmente a donde queremos llegar. Cualquier interferencia extraña a nuestra individualidad es una afrenta a la esencia puramente humana que nos obliga a inmolarnos en los caprichosos e irracionales deseos de un paternalista medieval que se cree con derecho a reglamentar nuestras vidas. Por eso, mantenernos con vida no significa sobrevivir.



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El dictador venezolano Nicolás Maduro en un claro ejemplo de desprecio por la dignidad humana ha decidido que “se instalarán más de 20.000 captahuellas en todo el sistema socialista” para, siguiendo su mesiánico concepto de someter a los ciudadanos, “garantizarle al pueblo su alimento”. En este sentido la presidente de Brasil Dilma Rousseff acaba de dar un mensaje paradigmático desde lo conceptual en el que señala que “con coraje y hasta sufrimiento, Brasil aprendió a practicar la justicia social en favor de los más pobres”. La escasez no se soluciona con racionamiento, sino con producción y cuanto mayor libertad y menor sufrimientos individuales, mayor productividad.

La batalla cultural que es imprescindible ganar es aquella que tienda a erradicar de una vez y para siempre los principios rectores de esa moralidad del saqueo, enquistada en los políticos populistas de izquierda, que insisten una y otra vez en una justicia divorciada de los conceptos de desarrollo económico y libertad individual.

La única vía de escape que tienen las sociedades para salir del estancamiento, del subdesarrollo, la ignorancia, el atraso, la indignidad, el sometimiento de los mejores a un Estado paternalista todopoderosos es la Justicia “individual” y no “social” como idea rectora de una moralidad de progreso y bienestar. Premiar la excelencia y no la mediocridad; el éxito sobre el fracaso; la independencia de criterios sobre la obsecuencia; en síntesis, el mayor aporte que se puede hacer a una sociedad ávida de progreso humano y material es promover la individualidad de ciudadanos comprometidos con su única y exclusiva prosperidad.

La cultura del sacrificio, del sufrimiento, de la postergación de la vida individual en favor de una masa anónima y amorfa, sin identidad ni valores comunes que las aglutine, ha llevado al continente a sufrir y padecer, recurrentemente, crisis institucionales, económicas y sociales. Esa misma cultura es la responsable de que se hayan abierto las puertas para el ingreso de los peores exponentes de la política de la región a las más altas esferas del gobierno. Subsidiados, empresarios prebendarios, políticos corruptos.



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Y toda esa realidad que remite a una sola palabra: ¡indignidad!

 

Por: María del Valle  |  Foto: Luke Ma

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