La Educación Pública Convirtió a los Maestros Venezolanos en Mendigos del Estado

Escrito por Vanessa Novoa el . Posteado en Noticias iF

Vanessa Novoa
Periodista, liberal y si es necesario ubicarme en algún lado del espectro político tradicional, soy de derecha. Defensora tajante de la vida, la libertad y la propiedad.

La imagen de profesores con zapatos gastados y con más hambre que dinero en los bolsillos se ha vuelto cotidiana para los venezolanos. Ser maestro en Venezuela es sinónimo de ser pobre, y la situación empeora a medida que avanza la grave crisis económica que impusieron años de políticas socialistas en el país.

Denunciar lo que viven los maestros hoy no es suficiente, pero ver a profesionales preparados y de inmenso valor limitándose a exigir al Estado que les pague un salario digno genera tristeza e indignación.

La exigencia de los maestros es una muestra de lo que hace el socialismo con el ser humano: reducirlos a mendigos con la mano estirada esperando algo que les permita comer. No importan tus capacidades, tu experiencia, tu esfuerzo. No importa lo mucho que hayas trabajado en tu preparación profesional y labores como educador. No importa. En socialismo, eres la mascota del Estado y terminarás dependiendo de ellos para comer.

Llevado a sus últimas consecuencias, el socialismo es eso: una sociedad de esclavos dependientes de la burocracia.

Para cambiar ese retrato, es indispensable cambiar el modelo. Para que nunca más los maestros de nuestro país deban humillarse ante el burócrata de turno para poder comer, debemos quitarles el poder.

Apostar por la educación privada no es convertir la educación en un “privilegio”, sino promover la libertad con su diversidad de opciones, de ideas y de proyectos. Es devolverle a los maestros el poder de ofertar cuánto merecen por su trabajo, y al mercado -que en definitiva, son las personas- la libertad de aceptar o buscar otras opciones en el camino.

La única educación libre es la educación privada. La pública -y ya en Venezuela lo sabemos de primera mano- se paga y se paga carísimo: nos cuesta la libertad.

Prohibido olvidar.

 

Por: Vanessa Novoa


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