La Revolución Que Latinoamérica Necesita, Debe Ser Liberal

Escrito por María el . Posteado en Libertad

María
Periodista. Filosóficamente liberal. Políticamente de derecha. Naturalmente rebelde. El mejor estímulo para vivir es la libertad. Argentina

La única revolución concebible en el continente iberoamericano para salir del subdesarrollo, el atraso y la decadencia es la revolución liberal. Décadas de socialismo populista y colectivista levantaron un muro de ruina y destrucción que arrinconó a sus ciudadanos a vivir en el oscurantismo de la corrupción y la postergación de los derechos y las libertades individuales y, en consecuencia, del desarrollo personal.

El continente conoció una época de esplendor y riqueza de la mano del respeto a las leyes objetivas proclamadas en las constituciones nacionales y de la observancia irrestricta a las libertades individuales como motor de progreso y desarrollo. Políticos consustanciados con la filosofía de la Ilustración que entendieron que la razón y la libertad son las fuentes del crecimiento y la demagogia e irracionalidad el combustible de las tiranías.

El círculo vicioso por el que atraviesa Hispanoamérica desde hace más de medio siglo refiere a una casta de políticos populistas cuya noción del “progreso” está relacionada con el sometimiento de los ciudadanos, la represión y confiscación de sus libertades fundamentales y la humillación esclavizante de las prebendas y los subsidios como forma de control. De esta forma, el “bien común” sirvió como justificación (in)moral de las tiranías y los autoritarismos regionales relegando el bien individual a la categoría de  “nefasto” egoísmo.

Pretender cimentar el desarrollo de un país sobre el concepto excluyente del “bien común” como sinónimo de políticas sociales prebendarias y promotoras de la mediocridad es desconocer la naturaleza del Ser Humano cuyo motor de despegue está íntimamente relacionado con lo que considera más apropiado para su vida. De esta forma, el bien individual redunda en beneficio de la sociedad, por lógica consecuencia, ofreciendo lo mejor de sí mismos en un escenario en el que se benefician las mayorías. Por eso, como vengo insistiendo desde esta columna, la sociedades que quieran progresar y desarrollarse no necesitan mesiánicos y demagogos sino estadistas que administren en libertad los recursos generados por los productores, únicos forjadores de prosperidad y civilización.

Seguir insistiendo con las recetas colectivistas que llevaron a décadas de estancamiento económico y subdesarrollo, que engendraron cada vez mayor cantidad de pobres e indigentes, es profundizar el círculo vicioso reproductor de generaciones de indignos y miserables desmotivados por vivir y buscar la superación individual. El desafío es demostrar que la Libertad, la filosofía liberal y el capitalismo son propuestas de vida innatas a la naturaleza del ser humano, más allá de cualquier consideración teórica que hayan hecho hasta la actualidad, los teóricos de esas ideas.

Sin libertad para crear y buscar el bien personal no hay forma de desarrollo individual; sin liberalismo no hay marco filosófico-jurídico para expandir las mejores potencialidades; sin capitalismo y libre competencia, no hay manera de evitar el triunfo de los mediocres que instituirán la “ineptocracia” como forma de vida para escalvizar a los mejores con las cadenas de la humillación y el sometimiento a los peores exponentes de la sociedad.

Desde la columna de iF no eludiré la responsabilidad de continuar con este discurso, por más reiterativo que sea, hasta que aparezca un candidato en la escena política regional que, sin temor ni vergüenza, predique el liberalismo filosófico y el capitalismo económico como únicos medios de desarrollo y convivencia racional en la sociedad. Cualquier atajo político adornado de colectivismo es  seguir propagando la mentira y la destrucción de las generaciones por venir. Y me parece que ya fueron condenadas demasiadas generaciones, muchas de las cuales sólo conocieron el progreso y el desarrollo cuando lograron viajar.

Es hora de cambiar este paradigma enfermizo que sólo busca someter al Individuo a un rebaño amorfo guiado por un líder que lo conduce directamente al matadero.

 

Por: María del Valle  |  Foto: galleryhip.com


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