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Lo Que Haces Habla Tan Fuerte, Que No Escucho Lo Que Dices

Escrito por Jose Miguel el . Posteado en Individualismo

Jose Miguel
A mi no me van a decir qué pensar, qué decir ni qué escribir, por eso fundé esta revista. Yo escribo para no morir en el tiempo; opino para defender lo que sé y cuestiono para descubrir lo que no.

Qué importante es en esta vida tener algo en qué creer, ¿no es así? Algunos se inclinan por la religión, otros por la ciencia; unos pocos por la filosofía y muchos otros por los negocios. Solemos “entrompar” el mundo así, creyendo en algo que consideramos bueno para nosotros (o para otros) y nuestras acciones son, en definitiva, el resultado de aquello que consideramos que está bien (o mal).

“Lo que haces habla tan fuerte, que no puedo escuchar lo que dices” es uno de los lemas que tratan de hacernos ver que nuestras acciones tienen más importancia que nuestras palabras, que aquello que hagamos siempre hará más escándalo que aquello que decimos. Otras personas prefieren citar: “las palabras se las lleva el viento” para el mismo caso. En conclusión, todo se resume al hecho de que nuestro comportamiento habla más de nosotros que cualquier otra cosa, que el mundo nos conocerá por nuestras acciones. Esta es una verdad indiscutible, incluso aunque se pretenda subestimar el poder de las palabras; tener la valentía y el coraje para hablar también representa una acción que demuestra qué somos y en qué creemos.

Ahora vamos hacia la reflexión de todo este asunto, porque tanta historia no puede ser solo para perder el tiempo. Siendo responsables, cada uno de nosotros quiere tener el control absoluto sobre su propia vida, lo que significa que queremos tener el control sobre nuestras propias acciones. Qué horrible se vería que te pregunten: ¿por qué te comportas así? Y no saber qué rayos responder; y es aquí donde entra eso que llamamos: ética. No, no se trata de ese lugar al que van las mujeres (y algunos hombres) a hacerse masajes, las uñas o el cabello; la ética es mucho menos superficial y mucho más profunda. Para explicarles de qué se trata esa palabra de la que tanto hablan los viejos y de vez en cuando los jefes, pensemos en lo siguiente: cuando compramos un equipo electrónico nuevo, para usarlo correctamente tenemos que comenzar leyendo su manual, ese librito que nos dice cómo hemos de tratarlo para no dañar el aparato. La ética funciona exactamente igual, pues no es más que una serie de normas, reglas o principios a los que les decimos: “Vale, que sí, estoy de acuerdo en que esto es correcto” y, como si se tratara de un manual de vida, lo seguimos al pie de la letra.

El detallito con la ética es que, al igual que los aparatos electrónicos, existen varias que establecen sus propias reglas, sus propias normas de comportamiento, por lo cual no siempre una persona que diga que está actuando éticamente significa que está actuando correctamente. Para un ladrón, su ética puede decirle que es correcto robar siempre y cuando no mate. Para un asesino, su ética puede decirle que está bien que mate pero no que robe. Para un político, su ética puede decirle que está bien que abuse del poder siempre y cuando no sea todo el tiempo; y así, ese manual requiere que lo cuestionemos en términos de: ¿está bien o mal?

Para no ir a meter la pata y actuar como el ladrón, como el asesino o como el corrupto; en fin, antes de que seamos ese aparatico que cualquiera puede manipular, echar a perder o alterar: ¿por qué no echarle un vistazo a esos manuales y decidir cuál nos gusta más?

 

Por: José Miguel  |  Foto: r.f.m II

Redactado por primera vez para: www.codigonuevo.com

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