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¿Respetar Verdaderos Héroes O Adorar Líderes Políticos?

Escrito por Leonardo el . Posteado en Reflexiones

Leonardo
Estudiante. Liberalista político: critíco todo lo que puedo entender, aplaudo lo que no -excepto aquello que sencillamente es absurdo-. Venezuela

Históricamente, hemos observado cómo en las sociedades de todos los tiempos se han formado figuras que de alguna manera representaron una época, así como una causa: Jesús de Nazaret como el hijo de Dios en el cristianismo,  Julio Cesar como el sinónimo por antonomasia del vasto Imperio Romano, Isaac Newton como uno de los principales exponentes de la física y de las ciencias duras en general, etc.

Contando dichos individuos con una trayectoria tal, que hoy día figuran como personas que reciben respeto y admiración por parte de muchísima gente alrededor del mundo. Ahora bien: ¿Qué sucede cuando vanagloriamos a una persona al punto de situarla más allá de su condición terrenal? ¿Qué sucede cuando aspiramos elevar a un individuo al grado de un “Dios”? Pues, nada sino la creación de algo que se ha repensado cientos de veces a través del tiempo: La imagen del ídolo…la figura del ídolo.

Figura esta que acapara la atención de las masas, que sirve como medio de transmisión de determinadas ideas, que representa para este escritor un fenómeno que destruye la capacidad de raciocinio de muchas personas, viéndolo como un ser sobrenatural, descartándole todo tipo de defectos, y reescribiendo su figura como la de una persona que nunca cometió errores en vida, y que si en vida se encuentra se postra como el líder, como el sabio, como “el bueno” de una historia que es reinterpretada por sus seguidores.

Antes bien, reconociendo la existencia de esta figura, y situándonos en contexto: observamos cómo las masas se han guiado por la imagen de un líder que resuelva sus problemas, aunado el hecho de que poseemos un Estado paternalista del que no hemos querido prescindir, buscando entonces cimentar la razón o la visión clara y realista de personas que más allá de representar un fenómeno para sus países en el sentido positivo del término, comprometieron el futuro de dichas Naciones. Y si bien hay excepciones, en la mayoría de los casos no fue para bien: sino veamos la China de Mao, país tal que por mantener la imagen de este pseudo-líder mesiánico, comprometió la vida de millones de personas –en su mayoría campesinos- que terminaron por perderla producto de una causa que hoy en día no ha traído resultado esperado alguno.

¿Y entonces, que hacer de acuerdo a este tema? Algo muy sencillo: Caerle a martillazos a estas figuras que como las de mármol, un día alzamos por encima de la razón, por encima de nuestra libertad y por encima de nuestra individualidad, ídolos tales que forzaron a una determinada sociedad a seguirlos con o sin su consentimiento, pagando aún hoy por ello un precio bastante alto (véase Cuba).

No se trata de la negación de personas virtuosas, sino del rechazo de figuras artificiales, que en la realidad solo han traído desgracia y retraso, que sólo sirven como propaganda para el mantenimiento en el poder de sujetos que jamás moverán un solo dedo por ti, mientras que tu agitas una bandera por ellos.

Tampoco se trata de negar la existencia de figuras que nos motiven a querer ser mejores (tales como héroes, personajes de ficción, reyes, gobernantes, deportistas, o incluso nuestros padres o alguna persona cercana), sino de acabar con figuras que en la realidad concreta nunca existieron, que solo sirven para manipular la mente de las masas, y limitarlas a reflexionar de acuerdo a su libertad, en la medida en que la comprometen en torno a sí para el cumplimiento de “tales” o “cuales” caprichos disfrazados de un interés que buscan hacer ver como “general”, pero que hasta el sol de hoy no les ha beneficiado, sino que les ha condenado a formar parte de un rebaño que debe acabarse.

<<Sobre la tierra, nada existe más grande que yo: yo soy el dedo ordenador de Dios. Así ruge el monstruo. ¡Y no son solo los de orejas largas y vista corta los que se postran de rodillas!>> 
Friedrich Nietzsche

Así habló Zaratustra

Primera parte: Del nuevo ídolo

 

Por: Leonardo Chaurio  |  Foto: Michael Dawes

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