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Ser “Políticamente Correcto” Es Renunciar A Nuestra Individualidad

Escrito por María el . Posteado en Individualismo

María
Periodista. Filosóficamente liberal. Políticamente de derecha. Naturalmente rebelde. El mejor estímulo para vivir es la libertad. Argentina

Vivir implica compromiso y lealtad con los proyectos de vida elegidos; ese compromiso no admite acciones “políticamente correctas” porque la libertad de elegir -intrínseca al ser humano- no depende del instinto sino del uso de la razón, única guía de nuestras acciones. Y la razón, ese reducto infranqueable de individualidad, no entiende de prácticas establecidas arbitrariamente o aceptadas socialmente en nombre de una supuesta “convivencia” en sociedad que, a lo largo de  la historia, lo único que ha buscado es someter al individuo.

Un ser humano libre, orgulloso de su propio valor, respetuoso de su individualidad, satisfecho de su vida sabe que, la libertad, es el único medio para conseguir las metas en la búsqueda de la felicidad y que la forma de conseguir esos propósitos depende, exclusivamente, de sus propios juicios. Alguna vez escribí que en la lucha por la libertad no existe el término medio; entonces, es ilógico admitir que la libertad pueda estar condicionada a los caprichos pasajeros de alguien que, en nombre de vaya a saber qué mesiánico fundamentalismo, decide arbitrariamente condicionar las acciones individuales por medio de un recorte a las libertades fundamentales.

Una persona “políticamente correcta” evidencia una clara predisposición a formar parte de ese rebaño humano que, ante el temor de contrariar los comportamientos aceptados por la mayoría, opta por silenciar sus propósitos de vida, si es que los tuviera, y sacrificarlos a la corrección política de una mayoría maleable y caprichosa.

¿Por qué entonces el colectivismo, en todas sus variantes de izquierda, tiene tanto predicamento en los Medios de Comunicación cuando en realidad, la filosofía práctica del liberalismo es la más conveniente para el desarrollo y el progreso individuales? Adscribir a cualquier propuesta irracional, motivado por la pasión a los discursos huecos de los demagogos, impide considerar las consecuencia prácticas sobre las propias vidas y promueve tal grado de fanatismo y euforia que anula la razón. En este círculo vicioso no sólo comparten responsabilidad los políticos sino los periodistas, los asesores de imagen de los candidatos, las organizaciones no gubernamentales y todos aquellos que pretenden silenciar y reprimir la autodeterminación individual, haciéndole morder el polvo del sometimiento a una colectividad que se erige como la depositaria de la “verdad revelada”. Seres viciosos y cómplices que se empeñan en arruinar la vida de aquellos que, guiados por el sentido común, no aceptan doblegar su orgullo de vivir a los improcedentes deseos de los adoradores de la muerte y los tiranos colectivistas.

Si como lo plantea la Ética Objetivista, el Capitalismo “laissez-faire” es el sistema político-económico en el que los Hombres no tratan entre sí como “víctimas y verdugos” sino por “libre intercambio y consentimiento voluntario para beneficio mutuo”, donde los valores no se obtienen recurriendo a la fuerza física y el gobierno sólo actúa para proteger los derechos del hombre, entonces, cualquier concesión “políticamente correcta” a los postulados colectivistas es, definitivamente, un atentado a la dignidad humana.

El objetivo moral de la vida del hombre es la propia felicidad. Cualquier otra propuesta lleva impreso el sello del resentimiento.”Los partidarios del colectivismo están motivados, no por un deseo de felicidad para los hombres sino por el odio contra el Hombre…el odio contra lo bueno por ser lo bueno…” y el foco de ese odio es la mente independiente del Hombre. La estafa del “bien común” encadena al individuo a la acción y al pensamiento colectivo.

Difundir ideas “políticamente correctas”, que insistan en que el sacrificio -como norma de vida- es la más alta moralidad a la que se puede acceder para agradar a la “sociedad”, es colaborar para que los individuos se conviertan en los nuevos chivos expiatorios en los altares sangrientos del colectivismo.

 

Por: María del Valle  |  Foto: huffingonpost.com

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