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Una Amenaza Se Cierne Sobre España: Podemos “Revolucionario”

Escrito por Eduardo el . Posteado en Política

Eduardo
Eduardo Castillo es sociólogo y consultor político. Con experiencia en campañas políticas en América Latina. Especializado en demoscopia, imagen, y estrategias de campaña. Es analista de escenarios políticos y electorales. Actualmente reside en Madrid, España Su blog personal: https://politicusve.wordpress.com/

Un fantasma recorre las calles de España, es el fantasma del socialismo, o como muchos gustan llamar eufemísticamente: populismo. Los políticos españoles se han llevado las manos a la cabeza, no entienden bien lo que sucede –muchos analistas tampoco. No comprenden cómo se asciende tanto tan “a la izquierda”, pero mordiendo electores a casi todas las agrupaciones. Se nos escapa aún la máxima: se gana con emociones. Y en esto Podemos ha sido obstinado.

La marea púrpura no cesa, todavía no se encuentra las montañas que, inamovibles, marquen el límite. Como el mar, no se detiene a considerar; pero a diferencia de él, su destrucción no es involuntaria. El mar no barre con todo porque se lo proponga, a fin de cuentas no posee voluntad; Podemos quiere barrer con todo, así lo desea.

Si Podemos no barre con todo, pierde

Si no aplasta lo existente se verá constreñido; necesita cambiar la legalidad por dentro, una revolución armada causaría demasiado ruido en los sentidos refinados de Europa. Y generalmente los intelectuales son los primeros en agachar la cabeza al momento de pasar del llamado a la revolución a la acción. Suyo es el mundo de las ideas, ahí campean, lo concreto les resulta incómodo.

A modo de historia repetida, a los hombres del círculo morado les habría quedado mejor como imagen una ola, o quizá una licuadora, por aquello de mezclar todo, disfrazando ingredientes y disimulando sabores, como recientemente le ha dado por hacer en su reciente “giro socialdemócrata”.

Y esta es la cruz que carga a sus espaldas el movimiento de Iglesias, Monedero y Errejón. Superada su primera “purga” interna, remedo posmo-crático de las estalinistas, con Echenique, o mejor dicho, sus ingenuos seguidores neutralizados; el partido parece enfilado a dar el golpe en la mesa democrática española. Han conseguido que el desesperado PSOE busque reinventarse copiando elementos discursivos de Podemos; en Izquierda Unida, moribunda desde hace meses, motivaron la salida de quien hasta hace poco era el líder de partido mejor valorado del país: Cayo Lara.

Pero aunque cuenta con la fuerza electoral para dividir en 3 a España, no tienen la estructura aún que se lo permita. La vocación leninista de Iglesias es clara, un partido de secretario general, central, vertical en lo importante, horizontal en lo accesorio, para darle caramelos a la ciudadanía. Las nuevas aplicaciones permiten dar tintes democráticos a unas aspiraciones funestas para la democracia que pretenden construir.

Si Podemos es incapaz de barrer electoralmente, serán incapaces de refundar el Estado español. Sorprende las semejanzas con varios movimientos políticos latinoamericanos. Negar el parentesco entre lo que plantean en España y lo que planteó el chavismo en tierras venezolanas (por ejemplo 2001 y 2007) es un absurdo.

Los nexos están a la vista, y no se trata sólo de algunas denuncias de financiamiento, sino de elementos discursivos tan frecuentes que sólo pueden ser omitidos por aquel sesgo cognitivo que hoy juega favorable a Iglesias y los suyos.

La ceguera analítica

Muchos obnubilados con la forma no captan el fondo, y he ahí parte del problema. El analista que no sabe jerarquizar entre uno y otro se entrega de lleno a la forma. La forma es lo excitante, lo innovador, lo coyuntural. Admiradores de un uso ingenioso de las redes se asemejan un poco a quienes mostraban admiración por las técnicas de propaganda soviética y nazi sin prestar atención a sus motivos.

Así como hoy es impensable omitir las consecuencias de los totalitarismos, sería ideal ver esa misma facultad de juicio en quienes, hoy, abrazan maravillados la capacidad comunicacional de un partido abocado a destruir los pilares de una sociedad abierta.

Los electores europeos, poco dados a las costumbres latinoamericanas de captar y fidelizar los votos se han llevado las manos a la cabeza planteándose la incorporación a esas pintorescas masas de partidarios del partido púrpura. Hoy, más que ayer desde las trincheras comunicacionales de Podemos se envía el nada complicado mensaje de que en la tienda de Iglesias caben todos, menos la casta.

Por ahora el liderazgo de Podemos ha sabido controlar las críticas. Siendo sinceros se encuentran en una posición cómoda: no han gobernado así que no han sufrido el desgaste que generalmente produce el ejercicio de funciones; son demandados en los medios, de manera que siempre encuentran espacios dónde posicionar sus mensajes; mantienen una imagen bastante fresca; y, lo más importante, han sido muy astutos al capitalizar el descontento con la situación actual.

La cruz de Iglesias

Por querer ser como un mesías, Iglesias recurrió a los ejemplos más cercanos, ideológica y comunicacionalmente hablando, sus alianzas naturales: los liderazgos de la izquierda latinoamericana con especial énfasis en Hugo Chávez. Desde sus espacios televisivos y participaciones ocasionales en radio y tv nunca cejó en su empeño por estar siempre alineado con los regímenes al otro lado del atlántico.

Su esfuerzo incansable parece que ha pasado desapercibido a los electores, en medio del desencanto y la crisis que aún no cesan, casi un tercio de los españoles parece más que feliz de entregarse a una aventura, que en otros países ha terminado en naufragios estrepitosos o, en su defecto, en gobiernos cada vez más represivos y controladores de la vida de los ciudadanos.

Para cualquier observador atento, desvelado defensor de las libertades y sociedades abiertas como proyecto civilizatorio, el ascenso ininterrumpido de los defensores del golpe a los mecanismos democráticos occidentales es, como mínimo, un nuevo motivo de preocupación. Queda de los “otros” españoles pasar a la acción.

Lamentablemente no se puede combatir este tipo de liderazgos sólo desde el terreno de la racionalidad. Cuando la población está inconforme a niveles críticos, no escucha razones. El ciudadano pocas veces se detendrá a escuchar argumentos.

En este sentido lo que más echa de menos el sistema político español es de actores que, enmarcados en ideas de sociedades abiertas, planteen proyectos de país que apelando a las aspiraciones compartidas de los ciudadanos, pueda ser lo suficientemente creíble como para obtener respaldo.

Amanecerá y veremos…pero el cielo en España se ve muy encapotado.

 

Por: Eduardo Castillo  |  Foto: pepenadoradesuenos.wordpress.com

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